A sus 16 años, Alejandro Rabell ya se entrenaba con la absoluta de Puerto Rico. Ahora está en la NCAA.

Su madre quería que aprendiera a jugar a tenis. Pero cuando estaba con la raqueta en las manos, los ojos de Alejandro miraban para otro lado. “Justo enfrente de la escuela de tenis había un campo de fútbol, y mientras practicaba siempre me distraía mirando lo que pasaba en esa cancha. Le dije a mi madre que quería jugar a fútbol y desde ese momento no he vuelto a mirar atrás“.

Alejandro Rabell nació en Puerto Rico, un país en el que el fútbol no es el deporte número uno. “El béisbol y el baloncesto son más populares. Aunque logres destacar como futbolista, no es fácil ser conocido afuera de Puerto Rico”, cuenta el mediocentro, que decidió viajar a España para encontrar un ambiente más profesional y unos entrenamientos más intensos.

“en marcet mejoré mis pases, mi primer toque y mi toma de decisiones”

“Estaba jugando en el Bayamon FC, y de allí me fui a Texas, donde me sumé al Lonestar SC. En EEUU me di cuenta de lo importante que es una formación de calidad para poder progresar, y fue entonces cuando mi padre me habló de Marcet. Estuve seis meses en Barcelona y aprendí mucho. Mejoré mis pases, mi primer toque y especialmente mi toma decisiones, sobre todo a la hora de ocupar correctamente los espacios para abrir el campo”.

Por aprender, Alejandro hasta aprendió a jugar en una posición distinta a la que estaba acostumbrado: “Me considero un mediocentro ofensivo, pero en Marcet tuve que desempeñarme también como lateral derecho Por lo general no me gusta correr detrás del balón, sino tener posesión y completar buenos pases entre líneas“.

Durante su etapa en Barcelona, Alejandro pudo enfrentarse a las canteras de equipos como el Sevilla o el Mallorca. Y también pudo participar en un torneo de “alto nivel” como el MIC. Unas experiencias “muy buenas” que le permitieron dar el paso hacia adelante que buscaba. Algo que a su vuelta a Puerto Rico se tradujo en una convocatoria con la Selección absoluta de la isla atlántica.

Alejandro tenía entonces 16 años. Poco después logró nuevamente abrirse paso en EEUU, esta vez en el New Jersey Institute of Technology (NJIT), universidad a la que llegó gracias a su buen desempeño en los terrenos de juego. “Estoy aquí porque me dieron la oportunidad de estar en los Highlanders, que compiten en la NCAA, el nivel más alto que hay para mi categoría”.

“El fútbol en este país sigue creciendo día a día”, explica Alejandro. Muchos jugadores de la NCAA aspiran, como yo, a ser profesionales y llegar a la Major League Soccer (MLS), es decir al nivel mas alto que hay en EEUU. Falta mucho trabajo para llegar, pero creo que esta experiencia en la NCAA me será muy útil largo plazo”. De momento, el mediocentro portorriqueño no para de acercarse, día tras día, a su sueño.

 

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