Con sacrificio y actitud positiva, Alejandro Torres se ha convertido en un deportista de élite y ha sido convocado a la Selección Sub-20 de Bolivia.

“Tanto trabajo tiene recompensa”. Eso fue lo primero que pensó Alejandro Torres Suárez cuando, en junio de 2016, fue fichado por el CE Sabadell. No sabía entonces que otra recompensa estaba detrás de la esquina: la convocatoria a la Selección Boliviana Sub-20. Un logro de gran trascendencia, pero que no sorprende a quienes han visto evolucionar al guardameta sudamericano.

“Todo lo que Alejandro ha conseguido se lo ha ganado él mismo con esfuerzo y sacrificio”, explica Carlos Rivero, director técnico de la Academia de Alto Rendimiento Marcet. “Es uno de los chicos más trabajadores que hemos tenido. Su actitud ha sido ejemplar en todo momento y ha acabado convirtiéndose en un auténtico profesional. No sabemos dónde llegará, pero sabemos que ya se comporta como un jugador de primer nivel”.

No siempre fue así. Alejandro llegó a Barcelona en noviembre de 2014 con algunas carencias. Los técnicos Marcet notaron que destacaba en el uno contra uno, pero también que tenía un nivel de activación demasiado bajo y que su técnica tenía que mejorar. “Alejandro aquejaba los mismos problemas que otros muchos jugadores latinoamericanos”, comenta Rivero. Su equipo de entrenadores se centró en mejorar sus niveles de agilidad, lo cual supuso un verdadero cambio físico en el guardameta boliviano, que en pocos meses dejó atrás su sobrepeso y se construyó un cuerpo de deportista de élite. “Alejandro tiene una gran envergadura, por eso en lo técnico hicimos mucho hincapié en el juego aéreo ofensivo. Ése tenía que ser su baluarte, su punto fuerte”.

Alejandro Torres en un entrenamiento con la Selección de Bolivia (izda.) y con la camiseta del CE Sabadell (dcha.).
Alejandro Torres en un entrenamiento con la Selección de Bolivia (izda.) y con la camiseta del CE Sabadell (dcha.).

Mientras progresaba en lo físico y lo técnico, un equipo de psicólogos deportivos transformaba poco a poco su personalidad. “Al comienzo era como si Alejandro no quisiera hacer demasiado ruido”, explica Rivero. “Trabajamos mucho en este sentido, porque un jugador de élite, sobre todo un portero, tiene que hacer oír su voz, sacar su personalidad, dar un golpe sobre la mesa cuando hace falta. Hoy Alejandro es lo que queríamos que fuese: un portero sobrio, sin florituras, estable“.

“He crecido un montón y soy lo que soy gracias a Marcet”, confirma el guardameta boliviano. “En Latinoamérica el fútbol es más físico, más de choque. Aquí es más técnico, hay que pensar mucho, ser más inteligente. Además, aquí todo es más detallado. Cada situación se evalúa y se perfecciona hasta que salga bien. El nivel de España es el mejor del mundo y la intensidad en partidos y entrenamientos es única”, explicó Alejandro cuando fue fichado por el Sabadell, junto con otro alumno Marcet, Heo Eungang:

La convocatoria a la Selección boliviana es un sueño que se cumple para un chico que empezó a jugar al fútbol a los 6 años en el equipo de su barrio. Antes como central, luego avanzando su posición cada vez más. “Hasta que me di cuenta de que lo de correr no era lo mío, y decidí probar de portero. Enseguida me encantó”, recuerda Alejandro, que enfrenta esta nueva etapa con la seguridad de quien ha aprendido la lección más importante y sabe que “tanto trabajo tiene recompensa”.

 

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