Carlos Santiso celebra su llegada al banquillo del Rayo femenino como una ‘oportunidad única’.

Carlos Santiso no se casa con ninguna filosofía futbolística. “Me  considero un entrenador camaleónico.  A todos nos gusta tener el balón y ganar, pero lo primero es analizar el equipo que tenemos a disposición. Lo que yo hago es mirar cuáles son sus puntos fuertes y cuáles son sus puntos débiles, para luego intentar potenciar los primeros y minimizar los segundos”.

Con este ‘modus operandi’, el técnico madrileño ha llegado hasta el banquillo del primer equipo femenino del Rayo Vallecano. Es el punto álgido de una carrera que empezó hace más de 10 años en los banquillos de la Escuela Deportiva Municipal de San Blas. Después apareció el Real Madrid, donde se desempeñó durante una temporada como segundo entrenador del Pre-benjamín. Y finalmente el Rayo, donde Santiso fue subiendo de categoría hasta ocupar su actual posición en la Liga Iberdrola.

Paralelamente a su compromisos con estos clubes, el técnico desarrolló la actividad de profesor en Marcet. “Con 19 empezó la colaboración y desde entonces he tenido una especie de idilio con esta Academia. Cada domingo acudía a enseñar tecnificación a en la sede Marcet de Madrid. Había decenas y decenas de niños, algo fabuloso“.

“En Marcet te DAN herramientas de trabajo que permiten un desarrollo brutal del jugador”

Con el tiempo Santiso empezó también a ir a Barcelona durante el verano, donde tuvo la posibilidad de llevar a un equipo durante la World Cup. “Conocí una forma de trabajar que me fascinó. En Marcet acabé aprendiendo muchísimo, porque te dan unas herramientas de trabajo muy útiles, que permiten un desarrollo brutal de los alumnos inexpertos, pero también un perfeccionamiento de la técnica en jugadores contrastados. Hay ejercicios que sigo utilizando a día de hoy porque me vienen como anillo al dedo con las chicas del Rayo“.

Carlos Santiso dirige un entrenamiento en Marcet.
Carlos Santiso dirige un entrenamiento en Marcet.

El técnico madrileño no considera el fútbol femenino como un mundo aparte. “Evidentemente hay diferencias en términos de fuerza física, pero es un ambiente que ya está profesionalizado. Es difícil poder llegar a vivir del fútbol, también para un chico o un entrenador. Pero todo esfuerzo trae su recompensa y cada día hay más chicas que se pueden dedicar únicamente a este deporte. Eso se acaba notando y hoy hay un fuerte impulso para este mundo”.

“Llevar al primer equipo femenino del Rayo es un paso de gigante para mí”, confiesa Santiso. “Es una oportunidad única para seguir creciendo y vivir con motivación la aventura de la competición. Mi objetivo es hacerme fuerte en este club, con el que me identifico totalmente y que considero como mi casa. Quiero estirar cuanto más pueda esta aventura, para darle alegrías a la afición y convertirme en el Wenger del Rayo femenino. Eso sí, ya estoy deseando que vuelva el verano para poder volver a la sede central de Marcet y seguir aprendiendo”.

 

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