Dani Toribio conoce desde cerca las máximas categorías del fútbol español y sabe que la realidad de un jugador profesional pasa por “esfuerzos, lloros y tristezas”.

Dani Toribio sabe qué es el fútbol. Para bien y para mal. En los últimos 10 años ha pasado por todas las categorías, desde la Tercera División con el FC Barcelona hasta la Primera con el Málaga CF. Un periplo por toda la geografía española que le ha dejado enormes satisfacciones, pero también momentos de gran dificultad. Porque éstas son las dos caras del fútbol profesional.

“Cuando eres pequeño lo ves todo muy bonito: coches de lujo, novias bonitas, mucho dinero… Todo parece muy fácil”, cuenta el hoy mediocentro del AD Alcorcón. “Parece que es llegar allí y tenerlo todo, pero no es así. Cuando vas subiendo te das cuenta de que la realidad es muy distinta, de que el fútbol es mucho trabajo, mucho sacrificio diario”.

El mensaje de Toribio a los alumnos de la Academia de Alto Rendimiento Marcet es claro: llegar al fútbol profesional no es un camino de rosas. “Han sido muchos sacrificios, kilómetros recorridos en el campo, lloros, tristezas… Hoy tengo muchas cosas gracias a los esfuerzos que he hecho, pero la verdad es que nadie te puede ayudar en esta profesión”.

Para llegar al fútbol profesional no es suficiente ser un buen jugador o destacar a nivel técnico. “Hay muchas más cosas. Hay humanidad, compañerismo, sacrificio… Muchos no destacan precisamente por ser muy buenos. No se trata sólo de tener calidad y poner 50 goles. Tengo a amigos que no han conseguido llegar pese a tener condiciones mejores que las mías”.

Dani Toribio disputa la pelota a Lionel Messi durante su etapa en el Málaga CF.
Dani Toribio disputa la pelota a Lionel Messi durante su etapa en el Málaga CF.

“Si apuestan por tí y no lo demuestras, no vas a tener otras ocasiones para demostrar lo que vales”, explica Toribio, nacido hace 28 años en Girona. “Es muy importante saber aprovechar las oportunidades que te dan. Hay muchos chicos a los que les gustaría trabajar en Marcet, pero no pueden porque sus padres no están convencidos o por otras razones. Los que están aquí tienen que valorar bien la gran oportunidad que tienen, porque hay otros muchos que no la tienen”.

Para llegar es muy importante mantener una actitud correcta. “No tiene sentido cabrearse con los entrenadores, es una pérdida de tiempo. El fútbol no es eso. Hay que entrenarse con la sonrisa. El entrenamiento diario para mí es una satisfacción, se ha convertido en una especie de obsesión bonita”.

Una obsesión a la que Toribio se ha entregado: “Yo lo aposté todo por el fútbol. Dejé lo demás en un segundo plano. Lo que más me dolió fue alejarme de mi familia. Fue un punto de inflexión muy importante. Fue y sigue siendo un gran sacrificio, porque nadie puede sustituir a tu familia en los momentos importantes de tu vida, cuando estás solo ante las dificultades. Es un sacrificio enorme, pero yo decidí apostarlo todo por el fútbol. Y me salió bien”.

 

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