Carlos Murillo aprovecha su estancia en la Academia Marcet para colaborar con un centro de acogida para personas discapacitadas.

Cuando llegó a Barcelona para formarse durante un año, entre sus prioridades no figuraban sólo el fútbol y los estudios. Carlos Murillo, mediocentro venezolano de 15 años, aterrizó en el aeropuerto del Prat con un proyecto personal en la maleta. “Quería realizar un trabajo social, una actividad que ayudara a la comunidad. Se lo comenté a la profesora Herminia y ella me ayudó a encontrar lo que buscaba”.

La tutora de Carlos le sugirió que acudiera al Cottolengo, un centro de acogida para personas discapacitadas con el que la Fundación Marcet suele llevar a cabo actividades formativas para promover el desarrollo personal de sus alumnos. Al futbolista le encantó la posibilidad de colaborar con este asilo ubicado en Barcelona, a donde empezó a acudir al menos dos veces a la semana para llevar a cabo tareas de voluntariado.

“es una experiencia muy bonita, que me está haciendo aprender y QUE guardaré siempre dentro de mí”

He empezado haciendo lo más básico, como pelar patatas o lavar platos. Pero también he ido viendo la parte de fisioterapia, he alimentado a los mayores y he jugado con los niños”, explica Carlos, que dará cuenta de esta experiencia en un trabajo que está realizando para su escuela en Panamá, país donde reside. “Es una opción que tenemos los alumnos del 10º grado. Pero no es un trabajo obligatorio, ni puntuará para mi carrera. Simplemente es algo que te tiene que salir de dentro, del corazón. Algo que te llene como persona”.

“En mi caso escribiré sobre las labores que estoy realizando en el Cottolengo del Padre Alegre, pero también sobre qué es este centro, qué actividades desarrolla y cómo ayuda a las personas más necesitadas. Siento que es algo muy bonito y que me está haciendo aprender. Sobre todo, es una experiencia que guardaré siempre dentro de mí”.

 

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