Javier Cendón, ex alumno del Programa Profesional Marcet, habla de su trabajo diario con el Villarreal CF

“Si tú quieres algo de verdad y se te mete en la cabeza, luchas por ello y sacas lo mejor de ti. Es trabajo diario, esfuerzo… Pero vale la pena”. Así Javier Cendón resume su trayectoria como portero. “Es muy duro. A veces piensas que te estás dejando la vida y no sabes si vas a llegar a algo. Pero cuando te dicen que te ficha el Villarreal, que te ha convocado la Selección Valenciana, que te ha convocado la Selección Española… Entonces recuerdas todos los momentos negativos: aquella vez que acabaste destrozado en casa, los días de llorar porque no podía más… Y sabes que al final vale la pena, porque la satisfacción que consigues a través del esfuerzo es más gratificante que nada”.

Ex alumno del Programa Profesional de la Fundación Marcet, Cendón volvió a la que fue su casa para hablar delante de las cámaras de su pasado, presente y futuro. De su maduración psicológica, de sus manías antes de saltar al terreno de juego y de la “sensación agobiante” de haber tenido que estar unos partidos en el banquillo para luego volver a la titularidad con más fuerza y convicción. Un testimonio importante para todos los jóvenes futbolistas que sueñan con convertir su pasión en una profesión.

Una posición “muy sacrificada”

Punto clave de su evolución fue aprender a controlar sus sensaciones durante los partidos. “Antes no jugaba a gusto. Cuanta menos gente había en el campo, mejor. No me gustaba saber que me veían. Pero luego empecé a pensar que no tenía sentido ponerse nervioso, porque estaba haciendo lo que me gustaba. Aprendí a disfrutar de la presión. Y en el momento en que juegas el partido y lo disfrutas, la sensación es espectacular”.

“Para ser portero tienes que estar preparado mentalmente”, explica el portero del Villarreal CF, que salió de la Fundación Marcet en la temporada 2015-16 al ser fichado por el ‘Submarino Amarillo’. “Es una posición muy sacrificada. A lo mejor en un partido te acribillan, pero en otro no te disparan a puertas. Tienes que estar concentrado durante todo el encuentro, tienes que lanzar mensajes a los compañeros… Es un trabajo mental muy duro. Pero cuando haces un paradón y oyes los aplausos de la gente… Es como si marcas un gol”.

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