Juan García tuvo que hacerse fuerte y madurar. “Eso me me permitió llegar al Real Valladolid”.

Uno de los mejores recuerdos de Juan García es un partido contra el Barcelona que disputó cuando aún era Alevín. El extremo burgalés estaba entonces en la Academia de Alto Rendimiento Marcet y marcó el primer tanto del encuentro. “Acabamos perdiendo el partido, pero  metimos cinco goles. Esa temporada ningún otro equipo consiguió hacer lo mismo contra el Barça”.

Fue una de las muchas veces que Juan jugó contra el equipo culé en los dos años que estuvo en Marcet. Como muchos de sus compañeros, empezó a apuntarse a varios cursos intensivos para luego sumarse al Programa Profesional. Tenía 10 años cuando se mudó a Barcelona. Una edad bastante complicada para alejarse de su familia, pero la mejor para progresar a ritmo de vértigo.

Juan García disputa un partido con la camiseta del Real Valladolid.
Juan García disputa un partido con la camiseta del Real Valladolid.

Tengo muchos recuerdos: torneos, medallas, trofeos, grandes rivales… Me acuerdo de cuando me eligieron como mejor extremo del Primer Toque y me pusieron en el ‘7 de gala’ del torneo. Ha sido una etapa muy importante para mí, en la que aprendí muchísimo”, recuerda el delantero. “Habiendo empezado el Programa Profesional tan pequeño, tenía mucho margen de mejora, y eso hizo que pudiera llegar a donde estoy ahora”. Es decir, en el Real Valladolid Club de Fútbol, donde comparte vestuario con otros ex alumnos Marcet, como Faysel Hinojosa y Jorge García.

“Quiero llegar lo más alto posible con mi club y aprovechar la oportunidad que estoy teniendo”, comenta Juan, que hoy como nunca se siente fuerte mentalmente. “El fútbol hizo que tuviera que alejarme de mis padres. A veces lo pasaba mal, porque no tenía mucho tiempo para verles. Me tuve que hacer fuerte y madurar. Eso ha sido uno de los factores que me ha hecho crecer como persona y como futbolista“.

El extremo del Valladolid recuerda su paso por la Academia de Alto Rendimiento Marcet como una experiencia “muy bonita”, en la que no sólo mejoró deportivamente, sino también éticamente: “Cuando jugaba en Burgos se me daba mal la táctica. En Marcet me ayudaron a entenderla mejor. Además mejoré en la técnica y en la intensidad de juego. Pero no sólo eso. Aprendí muchas cosas de todos mis compañeros, porque cada uno era diferente y venía de un país distinto. Aprendí a ser mejor persona, a ser más humilde”. Unas cualidades que seguirán acompañando a Juan a lo largo de su vida deportiva y extradeportiva.

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