J. Marcet explica el proceso formativo que permitió a Konrad de la Fuente llegar al fúbtol de élite.

¿Cómo consiguió un niño recién llegado de Miami destacar en el fútbol español hasta llegar a lo más alto del fútbol mundial? ¿Qué características tenía cuando, a sus 10 años, aterrizó en Barcelona? ¿Cuáles eran sus puntos fuertes y sus puntos débiles? ¿Qué tuvo que aprender para poder triunfar en el Barça y el Olympique de Marsella?

El niño en cuestión es Konrad de la Fuente. Sus padres, que vivían en Florida, se mudaron a España en el año 2011 y enseguida le apuntaron a la Academia Marcet. Desde el comienzo saltó a la vista no solo su talento, sino también su carácter. “Era un chico tremendamente educado”, recuerda el presidente J. Marcet: “Era introvertido, humilde y se hacía querer enseguida por sus compañeros y profesores”.

“KONRAD ENTENDIÓ QUE AÚN
TENÍA MUCHO POR APRENDER
Y ELIGIÓ SER HUMILDE”

Konrad tenía un don natural. Y sin embargo, fue precisamente esa característica la que podía interferir en sus planes de convertirse en un jugador profesional. “Su padre me decía que en Miami era el mejor, o uno de los mejores”, explica el presidente. “Aun así, el padre de Konrad convino conmigo en que en realidad el chico tenía muchas carencias. No quería que a su hijo le pasara lo que le pasa a muchos niños precoces, que con el tiempo acaban desvaneciéndose como humo”.

Un peligro que Konrad supo evitar gracias a su actitud. “Podía haber venido soberbio, porque en su entorno se le consideraba como uno de los mejores. Sin embargo, Konrad fue humilde. Se dio cuenta de que Barcelona no es Miami y supo reconocer que aún tenía mucho por aprender. Esa fue la clave de su éxito”.

Konrad de la Fuente en un partido con el Olympique Marsella.

“Konrad”, añade el presidente Marcet, “entendió que el talento no es un regalo de la genética, sino una conquista del esfuerzo. O sea que en el fútbol no hay  pastillas milagrosas, y que toda mejora necesita un proceso de aprendizaje”.

Al final, para Konrad se trató de aprender a conocerse a sí mismo, de entender cuáles eran sus fortalezas y sus debilidades. Y, sobre todo, de aceptarlas, porque cada jugador es único, y reconocerlo es el primer paso para triunfar. “Konrad”, explica el presidente Marcet, “no quiso copiar a nadie. Quiso ser él mismo, y esto es lo que le está ayudando a triunfar”.

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