Enrique Lebronze ficha por el Valladolid tras meter 40 tantos como Alevín en el Torrejón.

Empezó a darle patadas a la pelota a los tres años. “Todo el mundo en el barrio jugaba al fútbol, siempre fue el deporte principal”, recuerda Enrique Lebronze, que el año pasado marcó 40 goles en las filas del Torrejón. Un promedio de este tipo –casi 2,5 tantos por partido– no podía pasar desapercibido entre los ojeadores de los clubes de Primera División, que se apresuraron para fichar al delantero español de cara a la temporada 2019-20.

“Estaba en casa cuando me dijeron que el Real Valladolid podía ser una opción. No me lo esperaba para nada, pero enseguida me entraron muchísimas ganas de empezar esta nueva aventura. Es un fichaje importante para mi carrera deportiva, porque significa que si sigo trabajando bien y con disciplina tendré posibilidades de llegar al fútbol profesional”.

“para mí ESTE fichaje significa que si sigo trabajando bien podré llegar al fútbol profesional”

Además del Torrejón, Enrique se curtió en los cursos intensivos Marcet, llegando también a participar en un par de ediciones de la Academies’ World Cup of Football. “Allí aprendí a mejorar el disparo, orientar los controles, leer los espacios… Y también cambié mi actitud en el campo. Ahora juego con una mayor intensidad y me sacrifico más para el equipo“.

Según Enrique, los entrenamientos en Marcet son muy distintos con respecto a los que se realizan en un club de fútbol: “Te enseñan algo que en un equipo no puedes aprender, porque hacen un trabajo muy individualizado y acaban sacando lo mejor de ti. Lo que más me ha servido son los consejos antes de jugar y las charlas motivadoras de los técnicos, pero también valoro todas las amistades que hice durante los cursos”.

Enrique se compara con delanteros como Samuel Eto’o y Diego Costa. Son las referencias de un ariete que también puede caer a banda, al que le gusta luchar por cada pelota y que tiene mucho gol. Unas características que en los próximos meses pondrá a disposición del Valladolid, club que se preocupará de sufragar sus gastos de alojamiento y estudios. “Ahora toca trabajar duro a diario y a ver si tengo suerte y puedo cumplir mi sueño”.

 

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