“La clave es trabajar y estar centrado”, explica el portero madrileño, hoy en las filas del Girona.

Su padre fue portero. Su abuelo también. Y así su tío, su tío abuelo, su bisabuelo, su primo… Lucas García tenía el camino marcado. “Pero la verdad es que no sé por qué soy portero”, explica el guardameta madrileño. “Nadie me dijo nada. Desde el primer día me enamoré de esa posición, quizá porque es la más especial dentro del campo. Ser portero significa tener que sufrir solo y celebrar solo, y eso te exige mucho a nivel mental. Pero cuando tu equipo lleva 20 minutos encerrado en su área y por fin consigues coger la pelota, entonces escuchas los suspiros de alivio de todos tus compañeros, y eso no tiene precio”.

Natural de Leganés, Lucas fue fichado por el Atlético Madrid a los nueve años. Con el club colchonero no logró tener la continuidad que deseaba, lo que le llevó a sumarse a la disciplina del Getafe. Tenía 12 años, pero su aventura con los azulones duró solo una temporada. Fue entonces cuando decidió acudir a Marcet para relanzar su carrera.

“Ser portero ES sufrir
solo y celebrar solo, y eso
te exige mucho a nivel mental”

Lucas llegó a Barcelona en el verano de 2018. “Marcet me ayudó a definir de forma clara mi perfil de portero. Al comienzo, en mi primera temporada, nos centramos en desarrollar mis puntos de fuerza. Luego empezamos a pulir también otros aspectos. La clave es trabajar y tener la cabeza centrada. Eso es lo más importante, porque hay mucha gente con talento que al final no llega. Si no tienes la actitud correcta, los demás acaban adelantándote“.

Y fue precisamente esa actitud la que llevó el Girona a fichar a Lucas por tres temporadas. “Al comienzo de mi último año en Marcet, sabía que para dar el salto tenía que alcanzar los objetivos individuales que me había marcado el cuerpo técnico. Junto a mis entrenadores y mis analistas conseguí pulir esos detalles. A partir de ahí, el director deportivo me concertó pruebas con varios equipos, y al final tuve la posibilidad de elegir adónde ir”.

Lucas García durante un partido con el Girona FC.
Lucas García durante un partido con el Girona FC.

Lucas jugará su primera temporada como Juvenil en División de Honor. “He conseguido dar el paso, era lo que buscaba, y estoy muy contento”, asegura el guardameta, que tiene claro que tendrá que seguir progresando si quiere asentarse en el fútbol profesional: “Tengo ganas de aprender, pero también de competir y de ganarme el puesto en el Girona a base de buen rendimiento y resultados”.

Todo eso sin dejar de lado los estudios. Lucas acaba de terminar Primero de Bachillerato y, puesto que las Matemáticas se les dan muy bien, tiene la intención de estudiar una carrera de ingeniería industrial. Si en las aulas y en los terrenos de juego seguirá sacando las mismas notas que ha sacado hasta el momento, entonces en el futuro podrá elegir no sólo el trabajo que más le guste, sino también el equipo en el que jugar.

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