Los colegiados de todo el mundo están constantemente expuestos a agresiones verbales y físicas que dañan la imagen del fútbol.

“Ese día dirigí un partido de Primera División en Puntarenas. Me había criado en esa provincia y llevaba muchos años sin volver a mi tierra. El encuentro se disputó a las 11:00 de la mañana en el estadio Lito Pérez, más conocido como la ‘Olla Mágica’. Aunque el equipo local perdió, no hubo accidentes en el campo. Después del partido, quise visitar a mi madre, que aún vivía en Puntarenas. Nada más llegar a su casa, descubrí que una turba de hinchas enardecidos me había precedido. Los cristales de las ventanas estaban hechos añicos. Sabían dónde vivía mi familia y devastaron la vivienda a pedrada limpia“.

Quien habla es Orlando Portocarrero, ex árbitro de Primera División en Costa Rica. “Al margen de los desperfectos, afortunadamente no hubo más daños que lamentar. Los árbitros siempre estamos expuestos a situaciones de este tipo”, explica el hoy miembro de la Comisión de Arbitraje del país centroamericano. “En Primera División los casos de violencia no son tantos, pero a nivel de fútbol amateur la seguridad es muy raquítica, la policía brilla por su ausencia y los clubes no se preocupan de pararles los pies a los energúmenos de turno. Es como saltar a un ruedo sin barreras“.

Orlando Portocarrero, con traje negro durante el juramento como miembro de la Comisión de Arbitraje de Costa Rica.
Orlando Portocarrero, con traje negro durante el juramento de la Comisión de Arbitraje de Costa Rica.

En mayor o menor medida, en todos los países se dan situaciones de este tipo. “El maltrato verbal es parte de la vida cotidiana de cualquier árbitro, pero también se dan agresiones físicas”, denuncia Portocarrero. “El fútbol es una válvula de escape social. Siempre se genera mucha presión alrededor de este deporte y los colegiados son los que al final tienen que pagar los platos rotos. Todo el mundo ve al árbitro como un mal necesario, como el enemigo número uno del pueblo… Nunca como un persona cuyo trabajo hace posible el espectáculo del fútbol”.

Insultos, agresiones, escupitajos, vejaciones, intentos de atropello… Un informe gubernamental señala que en España hubo 115 episodios de violencia contra los árbitros a lo largo de la temporada 2015-16. Un aumento del 47% con respecto al curso anterior. Aun así, los colegiados denuncian que estas cifras no tienen “ninguna credibilidad”. El Sindicato de Árbitros, colectivo dedicado a denunciar la violencia en el fútbol, asegura que “los datos oficiales no son más que un porcentaje mínimo de la realidad” e indica que el problema está sobre todo en el fútbol regional y de formación: “Cada semana nos encontramos fácilmente 50 nuevos casos y las sanciones son irrisorias. Estamos perseguidos por todos y defendidos por nadie“.

“Todo el mundo ve al árbitro como un mal necesario, como el enemigo número uno del pueblo”

Según un estudio realizado por la Universidad de Valencia, la violencia aumenta conforme sube la edad de los jugadores. Es decir que las agresiones verbales y físicas contra los colegiados que tanto dañan la imagen del fútbol se dan sobre todo a partir de la categoría Cadete. Además, el estudio denuncia que “el fallo de los árbitros parece ser sólo una excusa para desatar la violencia”. Los agresores a menudo ni siquiera conocen las Reglas de Juego, pero eso no les impide proferir injurias al juez del encuentro.
 

¿Mal inevitable?

Los episodios de violencia contra los árbitros son tan frecuentes que muchos los consideran como un mal inevitable dentro del mundo del fútbol. A veces, los propios colegiados, que con el tiempo se acostumbran a vivir este tipo de situaciones y perciben cada vez menos su peligrosidad. Como si los insultos fueran parte del juego. Al fin y al cabo, aún hay que encontrar al árbitro que haya podido pitar un partido de fútbol entero sin sufrir ofensa alguna por parte del público.

“Hay que tragar con situaciones así. No hay otra, sobre todo si quieres subir de categoría”, declaró a la prensa Jorge Villanúa, que fue agredido por tres jugadores durante un partido de Juvenil disputado en Ceuta. Uno le agarró del cuello y le propinó una bofetada; los otros dos le tiraron al suelo y le dieron patadas. “No existe ningún respeto. Muchas veces piensas que todo esto no merece la pena y te planteas dejarlo, pero luego entiendes que no vas a renunciar a algo que te gusta por cuatro o cinco indeseables”.

“Hay que tragar con situaciones así. No hay otra, sobre todo si quieres subir de categoría”

La mayóría de los árbitros prefiere no hablar del asunto. Temen posibles represalias. Pero cuando la situación se hace inaguantable también este colectivo se ve obligado a tomar la iniciativa. En los últimos meses los árbitros de Primera División han declarado la huelga en países como Albania y Grecia tras haber sido acosados no sólo por hinchas, sino también por directivos de clubes. En el país heleno, los colegiados han sido víctimas de actos vandálicos contra sus bienes e incluso de ataques con explosivos. Hace un año, nadie menos que el presidente del PAOK llegó a entrar en el terreno de juego con una pistola.

Nadie se libra. En Suiza los árbitros amateur de Ginebra declararon una huelga a comienzos de esta temporada tras la agresión sufrida por uno de ellos. En Uruguay, el gremio de los colegiados acaba de convocar un paro en todas las categorías después de que varios hinchas de Nacional asaltaran la sede de la Federación (AUF). En el Reino Unido, las autoridades hablan de 61 casos de agresiones contra colegiados durante el año pasado. Un recuento que en Italia sube a 681, lo que ha obligado al Gobierno a tomar cartas en el asunto con una ley que prevé que los episodios de violencia pasen a ser competencia de la Justicia ordinaria.

Eva Alcaide mientras dirige un partido de fútbol.
Eva Alcaide mientras dirige un partido de fútbol.

El panorama es desalentador. Pero los colegiados no pierden la esperanza. “Si miramos hacia adelante, evidentemente tenemos muchas cosas que mejorar, pero si miramos hacia atrás vemos que ya hemos evolucionado un montón y nos sentimos más apoyados que antes”, señala Eva Alcaide, que la temporada pasada fue acosada mientras ejercía de asistente durante un partido de la Segunda Andaluza Juvenil. Desde la grada le llovió todo tipo de insulto machista. “Tuve que aguantar, pero llegué a tener miedo por lo que me podrían hacer después”.

Si el colegiado es mujer, la discriminación puede llegar por partida doble. “Me han insultado tanto por ser árbitro como por ser chica. Pero me he sentido más discriminada por el hecho de ser mujer, porque he escuchado comentarios que no se le suelen hacer a un árbitro hombre. Es muy duro, porque somos criticados por intentar hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Pero el arbitraje me ha hecho ver el fútbol de otra forma. Y, cuando algo te gusta y te critican por hacerlo, entonces tienes que ir a muerte a por ello. Por lo demás no se trata tanto de tomar iniciativas a nivel de Federación o de Gobierno. Lo que falta es simplemente educación, y eso viene de casa“.

 

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