Como su homólogo en la serie ‘Campeones’, Óliver Torres se abrió hueco en el fútbol profesional gracias a su talento y su gran dedicación.

En su nombre lleva marcado su destino. Incluso antes de que viera la luz, Óliver Torres ya iba de la mano del fútbol. Su nombre de pila lo había elegido su hermano mayor en homenaje al protagonista de ‘Campeones’, la mítica serie animada japonesa de los años 80. Como Óliver Atom, también el hoy centrocampista del Sevilla luchó desde muy pequeño para hacerse un hueco en el mundo del fútbol. Y con esfuerzo y sacrificio logró su objetivo.

Óliver Torres (Navalmoral de la Mata, 1994) destacó desde muy pequeño en los campos de fútbol de su tierra: antes en el club deportivo San Andrés y después en la escuela Morala. Pero no sólo eso. Al igual que su homólogo en ‘Campeones’, Óliver también destacaba por su estilo de vida totalmente dedicado al fútbol. “Yo vivía en la calle, literalmente”, comentó el mediocentro al diario ‘AS’: “Mis padres se enfadaban porque comía a toda prisa en cinco minutos y me bajaba corriendo con un balón para jugar, aunque fuera solo”.

Óliver Torres durante su etapa en Marcet.
Óliver Torres golpea la pelota en un entrenamiento durante su etapa en Marcet.

Con la llegada de la adolescencia, Extremadura se le empezó a quedar pequeña. Su familia estaba convencida de que Óliver necesitaba nuevos estímulos para poder progresar. Su talento era un don del destino, pero corría el riesgo de echarse a perder sin una formación adecuada. Hacía falta un puente capaz de llevarle hasta el fútbol profesional. Hacía falta Marcet.

Óliver llegó a Barcelona siendo todavía un alevín. A los 12 años empezó un programa personalizado de Alto Rendimiento que no tardaría en dar sus frutos. “Mis padres nunca escatimaron esfuerzos. Sabían que necesitaba salir del pueblo”, dijo el mediocentro en una entrevista a ‘El País’, en la que habla de lo difícil que fue estar lejos de su casa a esa edad. “Lo de Barcelona me hizo madurar y en Marcet tuve la suerte de estar con una familia estupenda. Me trataban genial”, declaró a ‘Marca’.

El talento extremeño, desde siempre seguidor del Club Atlético de Madrid, llamó la atención de FC Barcelona y RCD Espanyol. Pero también la de Luis Pacha, ojeador del club colchonero en Cataluña. Tras año y medio en Marcet, Óliver estaba listo para dar el salto al fútbol profesional. Las ofertas no faltaban, pero el entonces infantil decidió seguir el corazón y acercarse tanto a su familia como a su equipo de toda la vida. “Para mí el Atlético de Madrid significa un sentimiento. Desde el primer momento en que pisé el Calderón noté algo especial y esas cosas se sienten porque son mágicas. El día que debuté con la camiseta del Atleti fue el mayor sueño de mi vida”.

Tras unas temporadas en el club rojiblanco capitaneado por Diego Simeone y su paso por el Villarreal en la temporada 2013-14, Óliver se convirtió en una pieza clave del Oporto, tanto en la liga portuguesa como en la Champions League, competiciones donde destacó por técnica exquisita y gran visión de juego. Así lo resumía el periodista Víctor Molina Pozo en ‘Vavel’: “Conduce constantemente el balón con la cabeza alta, procesando la mejor opción de pase, con un estilo elegante y una pose preciosa que invita al rival a adivinar por qué recoveco se colará el esférico. Marca el tempo del partido, domina el reloj como un cronómetro. Juega con la derecha. Con la izquierda. Con el alma y con la cabeza”.

Terminada su experiencia en Portugal, Óliver volvió a España en el verano de 2019, esta vez para vestir la elástica del Sevilla. Con el club de Nervión el extremeño firmó por cinco temporadas, con el objetivo de tomar la manija en el centro del campo.

Óliver Torres, en un partido del Sevilla.
Óliver Torres, en un partido del Sevilla.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde que el ‘crack’ extremeño ganó el Europeo de Estonia en 2012 con la Selección Española Sub-19. Su presencia en la absoluta pondría la guinda a una carrera deportiva modélica. Y a Óliver, tiempo no le falta. La historia del niño que llevaba su destino marcado en el nombre está todavía lejos del punto final.

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