En un mercado que demanda perfiles cada vez más especializados, los revulsivos saben cómo marcar la diferencia en un equipo sin ser titulares.

Casi nunca empiezan de titulares. Casi siempre resuelven el partido. Se les llama ‘revulsivos’, y su misión es sacar las castañas del fuego a su equipo cuando el tiempo aprieta y el resultado no es satisfactorio. Salir del banquillo y marcar la diferencia es su especialidad. Ser decisivos, su rasgo distintivo.

La historia del fútbol está llena de jugadores que han llegado al éxito gracias a su capacidad para cambiar el rumbo de los partidos como suplentes. Ole Gunnar Solskjær se encuentra sin duda entre quienes mejor han encarnado a este prototipo de futbolista. El delantero noruego marcó su primer gol con el Manchester United en agosto de 1996, seis minutos después de saltar al campo durante un partido contra el Blackburn. El destino hizo que 11 años después, al anotar su último tanto con los ‘Diablos rojos’, Solskjær lo hiciera en idénticas circunstancias: en el mismo estadio, contra el mismo rival…. ¡y seis minutos después de sustituir a un compañero!

Entre estos dos goles, el ariete noruego -hoy entrenador del Manchester United- marcó otros 27 tantos saliendo del banquillo. El más importante en el Camp Nou, en una histórica final de Champions League (1999) que el equipo de Sir Alex Ferguson supo remontar en los últimos minutos contra el Bayern Múnich. Un gol épico, marca de la casa de un delantero que acabó convirtiéndose en el auténtico ‘jugador número 12’ del United: casi nunca salía de titular, pero siempre aprovechaba los minutos que tenía a disposición para marcar.

Ole Gunnar Solskjaer en su etapa como jugador el Manchester United.
Ole Gunnar Solskjaer en su etapa como jugador el Manchester United.

“Todo entrenador necesita en su plantilla a un revulsivo capaz de cambiar la dinámica de un partido atascado”, explica Marc Vinyals, responsable del primer equipo de Juveniles en la Academia de Alto Rendimiento Marcet. “Al comienzo de un encuentro, los técnicos siempre queremos que haya cierto orden, que todo ocurra como lo hemos planteado. Pero si eso no funciona y el partido se estanca, nos vemos obligados a pasar al plan B. Y ahí es fundamental tener a disposición a un revulsivo, un jugador que gracias a sus características pueda romper el orden y generar oportunidades sembrando el caos entre los rivales”.

Según Vinyals, normalmente se trata de futbolistas de calidad, habilidosos, que dominan el uno contra uno. Muchos son extremos, e intentan dinamitar el partido arrancando desde las bandas. Otros tienen un perfil que se ajusta más al fútbol directo y son especialistas en peinar pelotas, sacar faltas, generar segundas jugadas… “A menudo son futbolistas que incluso chocan con el estilo del equipo al que pertenecen, pero que al final consiguen marcar la diferencia, como hizo Henrik Larsson en el Barça“.

cada vez más clubes buscan a futbolistas capaces de resolver un partido en los últimos minutos

La importancia de los revulsivos es tanta que cada vez más clubes buscan específicamente a perfiles de este tipo. Es decir que un equipo ya no se preocupa solamente de fichar a un buen extremo, sino que también busca fichar a otro para los últimos 20 minutos de partido. Porque los revulsivos non son simples suplentes. Al revés, su peculiaridad hace que tengan mercado.

Lo demuestra el propio Barça, que tras la lesión de Ousmane Dembelé buscó un ‘9’ que a lo mejor no se acoplaba a su estilo, pero que podía ser perfecto para desatascar un partido en su tramo final. Uno de los nombres más cotizados para cubrir ese hueco fue el de Ángel Rodríguez, que empezó la temporada con el Getafe. En los primeros seis meses de Liga, el delantero tinerfeño marcó 10 goles en 21 partidos, empezando como titular en solo seis ocasiones. Unas cifras que le hpermitieron convertirse en el mejor suplente de la última década en la máxima división española, superando los números logrados en la temporada 2015-16 por otro revulsivo de libro, el atlético Ángel Correa.

Ángel celebra un gol marcado con el Getafe.
Ángel celebra un gol marcado con el Getafe.

¿Pero qué pasa cuando un revulsivo se convierte en titular? Si de auténtico revulsivo se trata, estaría abocado al fracaso. Porque por definición, este tipo de jugador lo hace mejor saltando al campo en los últimos minutos que empezando el partido desde el pitido inicial. Nunca hay que confundir a un revulsivo con un suplente cualquiera. Una cosa es que un jugador chupe banquillo porque el entrenador no confía en él. Otra distinta es que un futbolista empiece como suplente porque se le considera un especialista de los últimos minutos.

“Cuando un revulsivo lo hace bien una y otra vez, los entrenadores siempre empezamos a dudar y nos planteamos si deberíamos darle una oportunidad desde el comienzo”, explica Vinyals. “Sin embargo, cada vez que lo ponemos de titular, el jugador en cuestión puntualmente nos decepciona”. Valga el ejemplo paradigmático de Filip Malbasic, que en la temporada 2018-19  llegó a tener un mejor promedio goleador saliendo en las segundas partes que jugando de inicio. El extremo del Tenerife marcaba cada 115 minutos cuando empezaba como suplente, y lo hacía cada 541 minutos cuando lo hacía de titular. Unas cifras que hacen del jugador serbio el prototipo perfecto de revulsivo.

muchos jugadores siguen viendo el banquillo como un castigo y rechazan la etiqueta de ‘revulsivos’

También hay otros números que ayudan a entender mejor este fenómeno. La consultora española Driblab se hizo cargo el año pasado de poner cifras sobre la mesa. “Hemos querido ver quiénes son los ‘game-changers’ de las grandes ligas europeas, esos jugadores que rompen con lo establecido y dan una marcha más desde el banquillo”, explican los responsables de esta empresa, que han tomado en consideración no solo los goles generados por suplentes, sino también las asistencias.

Los datos hacen referencia a la temporada 2018-19 y encumbran a jugadores como Paco Alcácer (Borussia Dortmund), Joaquín Correa (Lazio) o Gabriel Jesús (Manchester City). Pero los gráficos elaborados por Driblab también muestran lo difícil que resulta para un suplente saltar al terreno de juego y marcar la diferencia dando el último pase. Abundan los revulsivos que ven portería, pero es realmente difícil encontrar a jugadores capaces de influir en términos de asistencias en los minutos finales de un partido.

Tim Krul releva a Jasper Cillesen antes de la tanda de penaltis contra Costa Rica.
Tim Krul releva a Jasper Cillesen antes de la tanda de penaltis contra Costa Rica.

Así que los números confirman lo que todo aficionado sabe: los revulsivos por excelencia son aquellos que meten goles. Es decir, delanteros y extremos. Aunque toda regla tiene su excepción, y nadie mejor que Tim Krul puede demostrarlo. El portero holandés saltó a la fama en los cuartos de final del Mundial de 2014, cuando Louis Van Gaal decidió que relevara a Jasper Cillesen justo antes de que empezara la tanda de penaltis contra Costa Rica. El guardameta logró desviar a dos lanzamientos y su brillante actuación le dio a Holanda el pase a semifinales. Los tulipanes sorprendieron al mundo con un cambio inesperado que dio sus frutos y que consagró a Krull como portero revulsivo por excelencia.

Que sean guardametas o jugadores de campo, para este tipo de futbolista es imprescindible saber aceptar su papel en el equipo. Pero no siempre es fácil. Muchos jugadores, sobre todo los más jóvenes, rechazan la etiqueta de ‘revulsivo’ porque aspiran a jugar desde el principio. No quieren ser futbolistas de segundas partes. Siguen viendo el banquillo más como un castigo que como una oportunidad. Pero también los hay que se sienten más cómodos en ese papel. No sólo lo saben aceptar, sino que también le sacan partido. Entienden que el fútbol requiere perfiles cada vez más especializados, y eso les proyecta hacia un futuro de éxito en el que se les reconoce por lo que son: revulsivos de pies a cabeza.

 

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