Muchos futbolistas suben el nivel de su confianza a través de manías, supersticiones y gestos repetidos. ¿Qué opinan los psicólogos deportivos?

Usar siempre las mismas botas, entrar al campo con la misma pierna, no afeitarse hasta que haya alguna derrota de por medio… Son algunas de las manías que tienen los futbolistas antes, durante y después de los partidos. Una de las más populares es la que protagonizaban Laurent Blanc y Fabien Barthez antes de los partidos de la selección francesa durante el Mundial de 1998, cuando el defensa besaba la cabeza del guardameta. Pero estos tejemanejes no son una exclusiva de las estrellas mediáticas. Supersticiones, manías y rituales están a la orden del día también en el fútbol más modesto. ¿Por qué?

“Gestos de este tipo son, de alguna manera, limitantes”, explica Efrén Díaz, psicólogo deportivo del Real Sporting de Gijón y coordinador del área de enfoque y desarrollo del personal: “Es posible que el deportista que necesita de manías y supersticiones acabe estando más pendiente de recordar realizar esas acciones, que no tienen que ver directamente con el juego, en lugar de estar concentrándose realmente en conductas que tienen que ver con la propia competición”.

“Algunos futbolistas estÁn más pendientes de sus manías que de conductas que tienen que ver con la propia competición”

Pero lo primero que se debe tener claro es que en ningún momento una superstición es lo mismo que una manía o que un ritual. Una superstición es algo en lo que se cree que puede traer buena suerte, como bien puede ser contar con una virgen o santiguarse antes de entrar al terreno de juego. Por su parte, una manía es algo que se hace de forma reiterada y que puede pasar de forma desapercibida, ya sea tocarse el pelo de forma compulsiva o controlar un balón de la misma manera constantemente. Por último, un ritual son una serie de gestos o acciones que se hacen de la misma forma, en el mismo momento o con los mismos condicionantes en las horas previas al partido, durante el mismo o al término del encuentro. “Sean las que sean, las creencias del jugador son la base de su autoconfianza”, comenta Díaz. “Sin embargo, desde mi punto de vista no es tanto que la ejecución de una manía ayude a mejorar el rendimiento, sino que es la no realización de la misma que puede hacerlo disminuir”.

Tal y como publicaba ‘La Gazzetta dello Sport’, muchos son los futbolistas profesionales que no han tenido problema alguno a la hora de confesar cuáles son sus manías habituales. Por ejemplo, el portero de la selección española, Pepe Reina, admitió que siempre echaba gasolina en su coche antes de los partidos y lo aparcaba en el mismo sitio, mientras que Cristiano Ronaldo reconoció que se pone las prendas de ropa empezando siempre por el lado derecho y que nunca cambia su sitio en el autobús.

“los rituales crean rutinas que mejoran la autoconfianza y contribuyen a preparar al jugador física y mentalmente “

Se trata de comportamientos que no sólo ocurren en las máximas ligas profesionales. También futbolistas de categorías Infantil, Cadete o Juvenil tienen estas cosas muy presentes. Como Pelayo Pérez, jugador del Juvenil B del Real Sporting de Gijón y convocado con la selección española sub-17 en varias ocasiones, no duda en reconocer que cuando sale del vestuario se santigua y entra al campo “a la pata coja con la pierna derecha”. No es su único ritual. Cuando se produce el sorteo de capitanes, Pelayo se queda siempre unos cuantos segundos con la mirada fija al frente y unos instantes antes de que empiece el partido se mira y se toca los cordones de las botas. Algo que no hizo ni mucho menos durante toda su carrera, sino que empezó a hacerlo la pasada temporada cuando militaba en el Cadete A del club rojiblanco.

Para el ex Marcet Edu Frías, hoy portero del RCD Espanyol, los rituales han sido fundamentales para aprender a no desconectarse: “Antes me pasaba que me enfriaba un poco durante el partido o los entrenamientos. El psicólogo deportivo me aconsejó tener determinadas rutinas para reactivarme. Y funcionó”. Por raros y absurdos que puedan parecer, los rituales cumplen una función: ayudan a establecer rutinas que refuerzan mentalmente al jugador. Según Díaz, estas prácticas “mejoran la autoconfianza de modo directo y causal, porque cada conducta previa ya está preparando al jugador física y mentalmente para la siguiente, pues ya hay un orden establecido”.

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